El alcohol es quizá la droga de mayor aceptación a nivel social y de alto índice de consumo en el mundo. El estudio epidemiológico de CEDRO del 2017 señala que la edad promedio del primer consumo es de 18 años, lo que es menor a otro tipo de sustancias; asimismo constituye el principal problema de salud pública en el ámbito de las drogas, estimándose que más de medio millón de personas presentan un grado de adicción. El 79.2% de peruanos han consumido alcohol una vez en la vida y la OMS señala que cerca de 2.5 millones de personas en el mundo mueren por esta causa.

Todo ello nos lleva a preguntar sobre los diversos efectos y consecuencias que acarrea el exceso de consumo de alcohol. Entre los efectos inmediatos encontramos:

La euforia y desinhibición, los cuales podrían ser vistos por algunos como efectos positivos, el problema es que después de un mayor consumo suelen aparecer problemas en las facultades cognitivas superiores como por ejemplo: Percepción visual distorsionada, falta de coordinación motora, déficit para asociar ideas, estado emocional de apatía y un incremento de la somnolencia. Estos efectos se producen debido a que el alcohol es una droga depresora del sistema nervioso, contrario a la idea popular que el alcohol “te activa”.

El consumo frecuente trae consigo efectos a largo plazo en la salud:

  • Daño hepático y gástrico.
  • Disminución de ritmo cardiorrespiratorio.
  • Pérdida de masa neuronal.
  • Disminución de los reflejos y la coordinación motora fina.

Asimismo el alcohol también genera consecuencias de índole social tales como:

  • Ausentismo laboral.
  • Perdida de responsabilidad.
  • Exposición a accidentes.
  • Conducción temeraria.
  • Problemas familiares.
  • Violencia e incluso puede llevar a una persona al suicidio.

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